Hoy llueve, igual que ayer

No tengo ningún problema con el agua, por más que la gente opine lo contrario. Solo, me llama la atención aquella que cae del cielo. Esa que, a su antojo, cree poder decidir si me mojo o no.

Cruzaba Plaza san Martín guiado por la intuición. Una cortina de gotas gruesas desfiguraba el camino y a pesar de no saber donde estaba exactamente, mis pasos expresaban tranquilidad. Me encantaba pasear con total libertad por esa zona que, si no fuera por la lluvia, estaría congestionado de gente.

Son días como estos los que me devuelven a mi niñez. Cuando mi madre me veía llegar a casa, empapado por la lluvia. Porque nunca me gustó utilizar el transporte público cuando estaba nublado. Prefería caminar tras el gris del ambiente antes que exponerme a los rayos del sol. Ese sol que ciega y no deja ver al que viene de frente.

En ese momento y al igual que ahora, las nubes ahuyentaban a la gente. ¡Cobardes! corrían en busca de refugio por temor a mojarse. ¡Refugio! como si estuviéramos en guerra. ¡Como si fueran bombas en vez de gotas de agua!.

No solo tomaba el camino mas largo para volver a casa, sino que caminaba bien despacio. Esa era mi forma de desafiarlas.

Las nubes, llenas de enojo ante la arrogancia de un niño, empezaban a largar finas gotas aceptando el desafío: “Mejor que te vayas a resguardar, si no querés terminar con una pulmonía” daban a entender.

Segundos después, llovía a càntaros y por las desoladas calles de Buenos Aires solo se escuchaban mis risas. Los demás miraban bajo el techo de algún portal, etiquetándome  de loco.

“Es solo agua señores” les gritaba mientras pasaba chapoteando entre los charcos.

Apenas pisaba la esquina de casa sentía su mirada tras la cortina de la ventana. Su enojo al verme caminar con la cabeza en alto y los ojos cerrados para sentir con más firmeza el agua correr por la frente.

Mientras subía las escaleras, ella estaba esperándome con la puerta abierta. “¡Sacate los zapatos antes de entrar!” gritaba con los brazos cruzados y haciendo rebotar el pie derecho contra el suelo. “¡Estas loco! Te vas a terminar enfermando si seguís caminando bajo la lluvia. ¡Te compre un paraguas hace meses y sigue guardado en el mismo lugar!” Su furia iba en aumento mientras yo me sacaba capas y capas de ropa mojada.

“No quiero mojar tu regalo por eso nunca lo saco a pasear” le decía y mi vieja gritaba más fuerte. No se le podía hacer ningún chiste.

Días después, la profecía de mi madre se cumplía. ¡Madres! Imposible quitarles la razón.

Me encontraba en cama, con esa fiebre que te hace delirar por las noches y un alambre de púas en la garganta que duele con solo respirar.

Miraba la ventana , con un paño de agua fría en la frente.

Miraba la prepotencia con la que las gotas caían desde arriba.

Miraba y pensaba: ojala pudiera estar caminando bajo la lluvia en este momento.

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4 comentarios sobre “Hoy llueve, igual que ayer

  1. la magia de un niño, en la vivencia de cada momento de la vida. Hermosa descripción e imágenes a través de las palabras que expresan las sensaciones de caminar bajo la lluvia…
    Gracias por compartirnos un instante de tu vida..
    Felicitaciones mi querido Pablo!
    Te quiero mucho…

    Le gusta a 1 persona

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