Abrasarse entre las llamas

– ¡Don Luis, venga para acá! – Hernán se atragantaba con sus propias palabras por la emoción- ¡Apurese, por favor! quiero que escuche lo que esta contando este pibe.

Dejando el vaso de vino y haciendo equilibrio al pararse de la silla, Don Luis buscó el hueco por donde pasar ante tanta multitud.

– ¡Ya voy, ya voy! – Se abrió paso entre Diego y Tristán que también querían volver a escuchar el relato- ¡A ver! Espero que sea importante –

– Va a ver que si. ¡Dale pibe! Contale a Don Luis-

El pibe se secó el sudor de la frente y aún así seguía traspirando horrores. Su cara quemada en color carbón le asemejaba a un hombre de piel oscura. Nadie hubiese pensado que era rubio, de ojos azules y tez blanca, aunque en verdad así era.

– Pero … ¿Qué te pasó pibe, te tiraron una bolsa de carbón a la cabeza? – Fue lo primero que alcanzó a decir Don Luis cuando llegó a primera fila.

– Nada… que ver… Don Luis – Al pibe todavía le costaba hablar por la agitación del suceso y expiraba humo por la boca como si alguien hubiese tirado agua sobre un fuego aún prendido.

– Dale, ¡contale no más!- reclamó Hernán.

– Me pasó algo tan loco como extraordinario – consiguió enderezarse el pibe sacudiéndose las cenizas del pelo.

– ¡Sí, loquísimo! – Dijo el viejo Julio que estaba ubicado a espalda suya –

– ¡Cállate viejo! deja hablar a la juventud –

– A ver. Yo venía caminando por la Avenida Cordoba y Bulnes, no sé si ubica, hay una tienda de diseño gráfico casi llegando a la esquina…-

– Sí. Sí, Ubico. ¡dale pibe al grano!- El movimiento exagerado de la mano de Don Luis intentaba dar velocidad al asunto.

– Bueno, la cosa que me dá por doblar por Bulnes, hasta llegar a la calle Tucumán ¿ubica usted?- La cara de Don Luis hizo que el pibe entendiera su enojo- el tema es que cuando me encaminé hacia la esquina, de lejos veo a una pibita parada, como esperando un taxi o a alguien o yo que sé. Mientras me fui acercando donde estaba, ella se dio la vuelta, me miró fijo y hasta no tenerme a un par de metros me dijo:” Al fin llegaste, ¿Qué te retrasó?”. Yo pensé “Ésta se equivocó de persona, pero como no todos los días una chica linda le da a uno charla porque sí, a pesar de no conocerla, me frené para hablar”. Usted no me va a creer , no me salió ni una palabra, ni una.

– Típico, te quedaste mudo. Se llama efecto patitieso. Pasa con las minas lindas, uno se queda de piedra.- Don Luis rió de su chiste pero nadie se la siguió.

– La cosa que ya estaba por darme media vuelta e irme, cuando ella me agarró bien fuerte de los brazos y enrollándose en mi , me dijo: “ No importa, suerte que ya estas acá” … ¡y me abrazó!-

– ¡¿Te abrazó?!- Quiso confirmar Don Luis.

– ¡Déjelo terminar!- Pidió una voz entre la gente.

– Si, me abrazó y de mi comenzó a surgir un calor… no sé cómo explicarle, era como si alguien dentro mio, encendiera un fósforo y de repente para evitar que la llama se consumiese, agregase otro fósforo más. Yo notaba la fuerza de su abrazo y parecía que a cada segundo le fueran sumando mas calor. Me asusté. Lo vi un tanto peligroso e intenté separarme, pero ella no aflojaba y yo seguía sin poder emitir palabra. Hasta que me dejé estar. Me regocijé en su abrazo, sentí su respiración y …

-¿Y?- Gritaron algunos al unísono.

– Me convertí en hoguera. ¡Ardía, Don Luis! Me prendí fuego. Mas bien, los dos nos envolvimos en llamas. Fue la sensación mas cálida que tuve en mi vida. Era como abrazar al sol-

Hubo un silencio. Uno de esos silencios que transforman los segundos en minutos y de los cuales pocos se atreven a romper el hechizo del momento. Sin embargo Don Luis fue el primero en recobrar el sentido.

– Pero , eso… eso es imposible-

– ¡Se lo juro!-

– ¿Cómo saliste vivo de semejante incendio? Y sin quemaduras de segundo grado, si quiera-

– Ya le expliqué. Yo, me fundí con ella … ¿Acaso no sabe lo que significa fundir?-

– ¿Y después, qué pasó?-

– No sé, lo siguiente que recuerdo es estar dentro de este bar… vaya a saber cuantas calles caminé extasiado de esa maravillosa sensación que me dejó y que aún conservo.

Don Luis , por una vez en su vida no sabía bien que decir y el pibe tomó esto como una desconfianza hacia lo que había contado.

– Usted no me crea. Yo salgo ahora mismo a buscarla- Del apuro dejó la campera encima de la silla, aunque por las quemaduras que mostraba, ya poco uso podía tener.

Nadie dijo nada, solo Don Luis que acercándose a la ventana vio como el pibe cruzaba la calle y mirando al cielo se dio cuenta.

– Encima llueve…- Miro caer las gotas contra el cristal- el pibe se prendió fuego bajo la lluvia…- volviendo a la mesa acompañado de algún recuerdo de su infancia dijo por lo bajo- Abrazos con esa clase de calor, ya quedan pocos.

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21 comentarios sobre “Abrasarse entre las llamas

  1. Eze excelente escrito ! No soy tanto de escribir ni de leer libros, soy más de la tecnología, pero admiro a la gente que lo hace ! Felicitaciones ! Personas como vos merecen un lugar en cualquier librería ! Abrazo !

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    1. Gracias martin ,es un camino largo y personal hasta llegar al dia de la publicacion de un libro. Por ahora me divierto con las palabras y viceversa estoy muy agradecido y feliz de que me esten leyendo sea el medio que sea asi que: gracias por entrar eb este espacio y leer el texto

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